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03/09/2007
07.45 de la mañana del 3 de septiembre

07.45 de la mañana del 3 de septiembre. Una hora normal de un día normal de un mes normal... salvo por ser la primera vez en un mes en la que el despertador suena para volver al trabajo. La única ilusión que tengo en el día de hoy es que den las dos de la tarde para comerme unos 'fusilloni de la mia mama' (no del restaurante, sino de mi madre, Doña Paqui de Los Boliches). Y ya que se supone que tengo que escribir... pues escribo en el blog, que lo tengo abandonado. Total, mi intención hoy es no hacer demasiado.
La vuelta al trabajo debe ser como empezar a hacer deporte, hay que ir poco a poco. Es como el primer día que vas a correr. Sales de tu casa, andas ligerito unos cuantos minutos, rompes a sudar y te ahogas porque hace meses que no levantas tu culo de ese hueco en el sofá y dices "Ea, por hoy ya está bien, mañana correré un poco más". Obviamente al día siguiente no vas a correr... tienes que devolver la forma de tu trasero al hueco del sofá.
Siguiendo esa regla de tres hoy me debería ir a mediodía... ya trabajaré mañana más.... y no venir al día siguiente. Pero, en vez de eso, lo que me espera este mes es trabajar sin descanso hasta el día 15, una boda y trabajar de nuevo sin ningún día libre hasta el día 29. Lo que se dice un mes tranquilito... por los cojones. Son ese tipo de cosas que es conveniente tomarse con filosofía, y un vaso con dos hielos y ron.
Hablando de hielo vayamos a la crítica cons/des tructiva del día. En el viaje de las vacaciones hemos descubierto varias cosas. Que las playas de Niza son una mierda (entendiendo playa en su concepto más amplio, como podría ser una cantera de piedras en la cual salir del agua te cuesta 15 minutos, los pies reventados y un disgusto). Que en Mónaco los Ferraris los regalan con las galletas (los Aston Martin con los Gusanitos, los Lamborginis con el Cola Cao y la silicona con la partida de nacimiento).
También se ha confirmado que los italianos no saben respetar una puñetera fila (se pudo complicar cuando, estando de los primeros en la cola para el autobús, Borja fue adelantado por unas 50 personas y pudo meterse en un descuido del revisor dicharachero). Otra conclusión es que en España somos muy adelantados a la hora de poner señales, porque ¿¿¿que mejor sitio para poner una indicación en la autovía que UNA VEZ PASADO EL DESVÍO???
Y nos lo hemos pasado del carajo, pero lamentablemente, al igual que ya he dicho más de una vez que un sitio con la cerveza a 7 euros no tiene calidad de vida... los lugares en los cuales los bares de copas cierran a las dos tampoco la tienen. Y como eso de adaptarnos a las circunstancias es algo que los Fuengirolos no hacemos normalmente, cuando nosotros estábamos cenando el resto de la gente ya llevaba en el cuerpo dos botellas de vino blanco (sí, vino blanco... a hipo... y luego son otros los que no saben beber).
Cuando salíamos a la calle para ir de copas todo el mundo iba de vuelta con una papa fea y cuando nos disponíamos a entrar en los bares... la horda de ratas hacía su aparición en la ciudad fantasma, habitada tan sólo por cinco entes que deambulaban de lado a lado buscando un antro en el que cobijarse del frío. Ese antro nunca apareció y Fon cayó en las profundidades de la fiebre y los vómitos espontáneos cada 20 segundos, mientras tenía alucinaciones con Yus Briznes y una prostituta rumana que murmuraba con el labio inferior adelantado unos 14 centímetros "Pojjjjj claro, me guta folla, con los cabrone". (Esta última frase sólo se repitió en el viaje cuando era estrictamente necesario... es decir, aproximadamente unas seis veces cada minuto).
Pero lo peor de todo fue sin lugar a dudas la ausencia de hielo. Cuando se ha visto que los Fuengirolos compren una botella cada uno para una semana y no se la acaben (porque compramos una botella cada uno... aunque el borracho oficial sea yo, para que el alcoholismo de los demás parezca menos alarmante). Y es que era imposible pillar una bolsa de cubitos. Ni en Niza, ni en Florencia, ni en Verona, ni en las gasolineras, ni en los chinos/moros/indios/ o franceses/italianos asilvestrados. De hecho es que no saben ni lo que es un cubito de hielo y cuando pides 'ICE' en una tienda te miran con cara de que estás gilipollas y te preguntan "¿Ice cream?". No, coño no, donde voy yo con un Frigodedo metido en el cubata, por dios.
Y ahora volvemos a ese maldito mes de septiembre que nunca he soportado, porque, a pesar de que El Corte Inglés se empeñe, la vuelta al cole NUNCA ha sido una ilusión, ha sido una putada. El cambio de la playa a los libros de Ciencias Sociales siempre es traumático aunque tengas una mochila de los Gi-Joe, el estuche de Bioman y el album de cromos de la liga de Panini.
Y si el cambio es de la playa y dormir hasta que encarte al curro... no te digo nada. Vamos, que si tuviera aquí ahora una garrafa de gasolina le prendía fuego a la oficina (de la cual precisamente hoy ha venido la dueña a echarnos, literalmente, pero no se que le habrá echo mi jefe en el despacho, ni quiero pensarlo, que al final nos tendremos que quedar en este zulo. Mardita la hora).
Así que como ya estoy en el trabajo, y tendré más ganas de hacer cualquier cosa que no sea trabajar, lo mismo actualizo algo más. O lo mismo no, en eso está la gracia de este blog, que puede ser que en dos meses esté el mismo artículo y que mañana meta algo nuevo (que va a ser que no).
24/09/2007
"Dejad que los modernos se acerquen a mí", gritó una granada de mano

En esta etapa extraña de mi vida, en la que no tengo muy claro por donde tirar, ya no sé ni que leches puedo escuchar en la radio. Me dejaron huérfano por la mañana los de Gomaespuma (luego también por la tarde, grrrrrrrrrrrr) pero por lo menos ponían 'No somos nadie', que no es que sea mi programa favorito precisamente pero se podía escuchar. Ahora están poniendo un programa nuevo que la única manera de que fuera más malo sería que los presentadores fueran a tu casa a golpearte con una estaca en el lomo.
Así, continuando con la extraña etapa, me ha dado por escuchar Radio 3. Sus castas. No me entendáis mal, me gusta la música de Radio 3, pero no soporto esos aires de modernidad y de "soy un tío que no tengo amigos pero si los tuviera tendría una conversación superinteresante". Digámoslo claramente, me cago en los modernos. Y Radio 3 va de moderna, te pone un tema que cantaban los pastores del siglo XII en los Pirineos... pero eso es que es moderno.
Moderno e intelectual. Veamos, señores de Radio 3, un lunes a las 9 de la mañana no es un buen momento para utilizar la palabra "onírica". No. De hecho nunca es un buen momento para utilizarla, pero menos aún ese. Total, que, como son unos 'tendencias', en la agenda de actos, convocatorias y encuentros de mendrugos meten por ejemplo unas jornadas en plan 'Las posibilidades dramáticas de la litografía en una manzana podrida'. Muy interesante, sí.... y hoy es un día pistacho.
Pero lo mejor para tener una radio moderna es que las cuñas sean aún más modernas y, para ello, nada mejor que poner a gente hablando raro diciendo el nombre del programa. Por ejemplo, el que empieza a las 10, que se llama 'Siglo XXI'. (Un inciso para decir que, claro, cuando se puso el nombre del programa, allá por el siglo XX, era un nombre moderno. Ahora sencillamente será contemporáneo, digo yo).
Bueno, pues el programita en cuestión empieza con una retahíla de cuñas en la que extranjeros dicen 'Siglo XXI', cada uno con su acento correspondiente, con lo cual andan diciendo 'Shiglo Ven tuno', 'Fli go weintiuno', etc etc etc... Que modernidad, que visionarios, que elemento para mayor gloria de la innovación en la radio... que... que... que panda de gilipollas hay sueltos por el mundo.
Pero para ser aún más modernos, como ya a los extranjeros que salen hablando no se les entiende de por sí, a los españoles les distorsionan la voz. Algo tan moderno que ya se hacía allá por los 70 y 80 (lo mismo por eso es moderno, como las zapatillas Victoria). Un efecto tremendamente arriesgado para el oído del oyente y totalmente futurista... ay, que daño a echo Cher y el 'Believe' a los sintetizadores...
Todo es cuestión del punto de vista. Por ejemplo, si en radio tres ponen a un cabrero pegando berríos en medio de la sierra se trata de un estilo de música folk, agro pop, con reminiscencias culturales de la desamortización de mediados del siglo XX y con toques de blues y jazz hispano. Si ponen al mismo cabrero pegando berríos en otra radio... es El Koala.
Luego están esas idas de olla, como una vez en un viaje que escuchamos la historia de una mujer que no se creía lo que medía el planeta tierra y se lo recorrió comprobándolo con un metro... Son de analizar muy profundamente esos incisos en plan, cuando acaba una canción, aparece la voz de un gachón, sobre un fondo de panderetas y platillos como si fuera 'hare krishna' que dice:
"Yo soy una patata, una patata entre tantas. Una ondulada normal, de las que no tienen sabores. Siempre quise ser una patata con sabor a ketchup, pero mi padre me decía que tenía que seguir la tradición familiar. Sólo espero que alguien compre ya este paquete y pueda ser devorado para acabar con este sufrimiento. Por fin alguien abre el paquete y me coge entre sus dedos... pero... antes de comerme... me moja en ketchup. Hoy es el día más feliz de mi vida... aunque vaya a morir".
No no no no y no, meeeeeeeeeeeeeck, error. Eso no es moderno, eso no es dramatismo, eso, señor mío, es un problema psicológico y usted debería estar encerrado y ser golpeado con patatas asadas y salsa rosa.
Y dejo de escribir ya... que es muy moderno dejar las cosas a medias...
