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08/05/2007

Whereyouwaaaaaaaalking?

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Actualizo pues.

Bien, cerca de un mes o más sin escribir dan para mucho, así que vayamos contando. Respecto al fin de semana en París he sacado varias conclusiones. Por ejemplo, sobre el Louvre, viendo la colección de Egipto me he dado cuenta de que les gustaban los gatos, caminar de perfil y de que todos en aquella época tenían la nariz partida. Peleas callejeras me imagino, seguro que también había jinchos, con nombres como "er Cuello der Nilo", "Se Ramses II" o "Sa Cleopatra Wapa".

En Egipto además tenían graves problemas de construcción. Querían hacer edificios altos pero los aparejadores se habían sacado el título en Puerto Rico y conforme iban subiendo el bloque se iba estrechando... hasta acabar en punta. Obviamente, a diferencia de ahora, los áticos no eran muy deseados, ya que era todo abuhardillado menos el centro. Los pisos tampoco eran muy luminosos y con tantos pasillos, laberintos y medidas de seguridad que más de una vez llegó la comida fría en el trayecto de la cocina al salón.

Los sótanos sí que eran bastante amplios, pero normalmente estaban llenos de okupas liados en papel higiénico que de vez en cuando se levantaban con los brazos rectos y caminando sin articulaciones y te lo ponían todo perdido, lleno de cachos de partes del cuerpo. Además, los padres eran muy permisivos y los niños bastante cafres, porque tenían las paredes llenas de dibujos.

También se insultaban mucho entre ellos, porque los muy cabrones cogían un burro, un cerdo, un caballo o un gato y le ponían la cara de su colega. Y no es que simplemente la dibujaran en la parte de atrás de la libreta, sino que encima los muy mamones se entretenían en hacerlo en piedra y de unos 30 metros de alto para que lo viera todo el mundo y los egipcios se echaran unas risas a su costa.

Cuando se aburrían empezaban a inventar dioses, que parecían más bien dioses biónicos, hechos de restos de otros dioses. Es decir, un humano con piernas de carnero y cara de halcón. Tenían también dioses para cada cosa, para el sol, para el baile, para las artes, para el viento o incluso Kebehsenuef, el dios guardián de los intestinos de los difuntos. Debía ser similar a lo que tenemos nosotros con los santos, lo que pasa es que ahora se suele hacer con las profesiones: San Francisco de Sales de los periodistas o San Custodio de las pelotas de los guardas de seguridad.

Cambiando de tercio y volviendo al Louvre... que cosa más grande, carajo. No hay manera de pararte a ver un cuadro, porque como vayas parándote no sales de allí en cinco años. Y dicen que sólo está expuesto el 10% de lo que tiene (aunque seguro que más de una cosa de esas que están sin exponer debe ser un mohón... bueno, y alguna de las que está expuesta).

Lo interesante del Louvre, más que las obras, es saber donde coño estás. Es como donde está Wally pero al revés. Por cierto, si vais, OLVIDAOS de ver la Mona Lisa de cerca. Unas mil personas se encargarán de que no llegues hasta ella. Ahora entiendo eso que siempre dicen de que el cuadro es más pequeño de lo que te imaginas... no es que sea más pequeño, es que sólo lo puedes ver de lejos.

El resto de cosas de París, para no aburrir, se resumen en una pupa en el pie del tamaño del estado de Texas, unas agujetas de agárrate y no te menees (frase patrocinada por los tebeos de Mortadelo y Filemón), gente queriéndote vender miniaturas de la torre Eiffel-retratos-pulseras-etc y ¡¡¡MEDIO LITRO DE CERVEZA A NUEVE EUROS!!!. Ya lo he dicho en más de una ocasión, un país con la bebida a esos precios no tiene calidad de vida.

Por ir cerrando os cuento el viaje de vuelta. Después de todo el fin de semana con un calor espectacular, sobre las cinco de la tarde decidimos irnos para el aeropuerto, porque "parece que se está nublando". No amigo, no, no se estaba nublando, era el fin del mundo. De repente ya en el aeropuerto nos cayó la tormenta del infierno, con truenos, relámpagos y rayos incluidos (recuerdo que una tormenta de tales dimensiones antes de montarte en un aparato metálico que va a miles de pies del suelo y a 700 kilómetros por hora no es demasiado esperanzador).

Con media hora de retraso comenzamos a ir hacia el avión. Y digo bien, a ir hacia el avión, no a entrar al avión. Porque en el Charles de Gaulle alguien tuvo la grandiosa idea de, en medio del diluvio, llevarnos al avión en autobús. El autobús, para completar la jugada, no estaba en una zona techada, por lo que cuando entramos en él ya estaba todo el mundo empapado. Nos dejaron unos 15 minutitos con las puertas abiertas muertos de frío, nos llevan hasta donde está el avión y nos dejan otros 15 minutos con las puertas cerradas y muertos de calor.

Pero aún más. El autobús ni lo acercaron al avión, nos dejaron a 50 metros, por lo que más empapados aún corrimos bajo la lluvia. En la escalera se montó la de dios, con un colapso impresionante... y más empapaos. Por fin nos sentamos y nos dicen que no nos abrochemos el cinturón, porque van a repostar, que antes no han podido por los rayos. Al parecer es por si hay algún problema en el repostaje poder salir rápidamente, pero sinceramente, si hay algún problema en un repostaje del avión, el hecho de que no tenga el cinturón puesto para lo único que va a servir es para que los cachos de mi cuerpo lleguen más lejos.

Después de parar en la gasolinera Repsol de turno nos dicen que el aeropuerto ha estado cerrado por la tormenta y que somos el número 34 en la lista para despegar, que calculan que en una media hora salimos. Dos horas más tarde nos dicen que en unos 5 minutos salimos. A los 20 minutos comenzamos a andar y más o menos a la media hora, por fin, despegamos. Llegamos a las 1 de la mañana, muertos de frío y con los pies mojados desde hace seis horas... y con una húngara al lado que llevaba desde las 8 de la mañana de un avión a otro y quería hacer amigos, hablándome cada vez que cerraba los ojos para echar un sueñecito. Lo dicho, yo y los aeropuertos.

08/05/2007 11:47 Autor: havi. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

22/05/2007

Murphy se ceba conmigo

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Muchos os habréis leído el libro 'La Ley de Murphy' y si no lo habéis hecho os exijo que lo hagáis, bajo reprimenda, en caso contrario, de golpes en las muñecas con una regla de medio metro. Una de las leyes viene a decir, más o menos, lo siguiente:

Ley de Vile sobre hacer cola avanzada:"Si corre para pararse en una fila corta, de repente se convierte en una fila larga. Cuando está esperando en una fila larga, los que están detrás de usted son derivados hacia una nueva fila más corta. Si se sale de la fila corta por unos segundos, ésta se vuelve larga. Si está en una fila corta, las personas que se encuentran delante permiten que sus amistades y parientes se metan también y la convierten en una fila larga".

Todo esto se resume en la observación de Etorre, 'La otra fila avanza mas rápido'. Pero claro, algo falla, porque si, como hoy, hay una caravana en una carretera con tres carriles, la gente tiene claro en cual debe colocarse: en el que no esté yo. Por ejemplo, tras 15 minutos parado en el carril de la derecha a la altura del Palacio de Congresos de Torremolinos, mientras los otros dos carriles avanzaban, me decido poner en el de en medio e, inmediatamente, se para y comienza a andar el de la derecha. De todos modos, como el de la izquierda iba más rápido, me paso a la izquierda... y vuelve a pararse, mientras las otras dos filas echan a andar... las hijas de puta...

Tras media hora de varios cambios de carril, siempre en el más lento, me quedo en uno de ellos, el cual, precisamente, era el carril en el que estaba el coche averiado que provocaba toda la caravana, fíjate que casualidad. Putas casualidades. Ya en el centro, me han quitado al menos cuatro putos aparcamientos en mis putas narices, mientras no dejaba de dar putas vueltas por el puto centro de Málaga, por putas calles estrechas y putos coches mal aparcados en las putas esquinas que no permiten girar a mi puta dirección asistida. Para que luego digan que la prostitución no es una profesión arraigada en España.

No recuerdo muy bien si en la Ley de Murphy pone algo sobre el ahorro, pero, si no lo hace, debería proponérselo. Resumiendo, cobro una mierda y tengo más gastos que Marichalar en el lado izquierdo de los zapatos. No ahorro y, encima, se me prohíbe ahorrar, porque ahorrar genera más gastos. Por ejemplo, marzo lo llevaba de puta madre, ni un sólo capricho, ni una sola comida fuera y encima (por obligación laboral, no por gusto) pocas salidas nocturnas. Justo en ese gozo ahorrativo (y esa tensión por no gastarte un euro de más), me pierden las maletas en un viaje y me tengo que gastar un dineral en ropa para no quedarme en pelotas. A la mierda el mes.

Pero ya lo de mayo es de toca-pelotas. Tras los gastos de abril, con cumpleaños, viaje a París, etc... mayo me lo tomé tranquilito, con todo el dinero controlado, más fines de semana ocupados que el carrusel deportivo y sin llevar ni un duro en la cartera, para que no me pueda la tentación. Pero la tentación es una cabrona y, si no te pilla por un lado, te pilla por otro y se convierte en el don de la oportunidad. El don de la oportunidad de perder un móvil en un recorrido de 50 metros (sí, soy el único imbécil sobre la faz de la tierra capaz de perder algo en una distancia que se corre en seis segundos). Un móvil prácticamente nuevo, con todas las chorradas que nunca había tenido en mis móviles de mierda anteriores y que, para más inri, me compré con mis puntos y con un contrato de permanencia.

Como estoy en modo-ahorro, ni me he planteado comprarme otro teléfono, para algo tengo el antiguo, que no tiene 'dientesazzules', ni mp3, ni video; sino una batería que dura una media hora aproximadamente y una cámara de tal calidad que la fotografía es peor que si un mono borracho la hubiera dibujado con los pies mientras caída rodando del Kilimanjaro.

Pero venía el remate y, como lo del móvil no era suficiente, me llega la multa. Como dice cierto nick del messenger "El orín de un Fuengirolo, cotizado a precio de oro". Y es que hace un tiempo me pillaron meando en la calle... de casualidad... de puta casualidad. Después de vacilarle a los policías locales de Fuengirola (el gremio que más odio del mundo, una panda de inútiles, jinchos de mierda a los que les dan una pistolita pero lo único que hacen es tomar café en las gasolineras y dar por culo) estaba claro que la multa iba a acabar llegando... y llegó. Resultado: 105 euros.... ¡¡¡con descuentos!!! como en la Semana fantástica de El Corte Inglés. Creo que por ese precio tengo derecho a ir al mismo garaje y mear todos los fines de semana o cagar una vez al mes, según las necesidades.

No todo estaba perdido. Así que pedí el borrador de la renta, a ver si de una puta vez me tocaba algo de devolución, como con los cupones de la ONCE. Hay que decir que la "imaginativa" contabilidad de mi empresa me quita un 3% de IRPF en enero y un 30% en diciembre, seguro que no para que me beneficie... puta casualidad...

El año pasado ya me salía que tenía que pagar yo 200 euros, que obviamente no pague porque mi sueldo no es que no llegue al mínimo, es que el mínimo me ve por la calle y ni me saluda. Pero este año los astros se alinearon y me salió ¡¡¡A DEVOLVER!!! El fin a todos mis males, pensé, cuando ayer llegó el borrador. Lo abro y veo que Hacienda me tiene que pagar la ingente cantidad de ¡¡¡17,60 euros!!! Guauuuuuuuuuuuuu, pa comprarme un cortijo.

En fin, que he tomado la decisión de que esos 17 euros no me los puedo gastar en otra cosa que no sea en tres cubatas... y los 60 céntimos estoy pensando seriamente meterlos en un sobre y mandárselos a Hacienda, como propina.

22/05/2007 11:55 Autor: havi. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.


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