Situaciones incómodas

Una de dos (o de tres o de cuatro o de ochotumbado elevado a n). O lo bueno se hace esperar o soy un vago del carajo... o pasaba de escribir... o no he tenido tiempo... o no funcionaba internet... o no tenía nada que contar... o no me acordaba de la contraseña... o... Pero sobre todo, ¿a quien le importa? La cosa es que hoy escribo porque tengo ganas y punto.
A lo largo de nuestras insignificantes vidas nos encontramos en ocasiones con situaciones ciertamente incómodas, como por ejemplo, ir a un velatorio y estar pensando continuamente en que, tarde o temprano, vas a abrir la boca y la vas a cagar. Como aquella vez que en uno, en una charla de estas charlas insulsas que se mantienen para rebajar la tensión del momento, solté "Pues yo salí ayer y hoy estoy muerto y enterrao... ... ... mierda".
En los asuntos relacionados con los hospitales y cosas médicas también se dan muchos de estos casos. Como por ejemplo, cuando entras a la consulta de un ginecólogo y sabes que, en unos 15 minutos, todas las mujeres de la sala de espera estarán con las piernas abiertas y hurgándole en el susodicho.
No digamos ya, si, en vez en el ginecólogo, estás en la consulta del urólogo y tienes claro que al menos dos de cada cuatro están allí por la próstata y le van a meter un dedo en el culo. Luego es fácil de saber a quien le ha tocado... el que salga con la cabeza gacha. (Un inciso para poner un enlace de un invento estúpido relacionado, un simulador de exploración rectal: "Yuhuuu, es lo que he esperado durante toda mi vida. http://www.nopuedocreer.com/quelohayaninventado/?p=245)
Pero, en vez de tanto imaginar, vamos a situaciones reales. Una historia que quizá mucha gente no sepa. Hace unos años, por un problema que ahora no viene al caso contar, me tuvieron que dar unos tratamientos de quimio, que venía a ser básicamente un botellón intravenoso y con una resaca instantánea.
La cosa es que los médicos me dijeron que, por si acaso y por si más adelante se complicaban las cosas (que no se complicaron porque bicho malo nunca muere) podían tomarme una muestra de semen. En ese momento pensé "a mi no me pinchan en un huevo ni de coña", pero no, no es con una inyección, es una extracción mucho más... básica y primitiva.
Total, te dan la cita un día y te plantas en el Materno (mal sitio para que te tomen muestras de eso) y te recibe una doctora que, durante toda su vida, está recibiendo hombres que se la van a machacar en un breve espacio de tiempo. Te da un vasito y te indica que te vayas a cierta puerta al final del pasillo. Y no, no te preguntan si necesitas ayuda, eso sólo es en las porno, degenerados.
Caminas con la vergüenza de recorrer todo el pasillo con el vaso en la mano, mientras mujeres parturientas te miran con desprecio, como si fueras un depravado... que te entran ganas de darte la vuelta y gritarles "¡¡¡¿¿¿Qué pasa???!!! ¡¡¡¿¿¿Nunca han visto un hombre que va a tocarse???!!! ¡¡¡Que yo esto no lo hago por gusto!!!.... bueno, al menos ahora no lo hago por gusto..."
Cuando llegas a la puerta te encuentras que hay otros cuatro o cinco tíos delante tuya y que, efectivamente, van a hacer lo mismo que tú, en el mismo sitio que tú y sólo unos segundos antes que tú. Sueltas un 'buenas tardes' de protocolo, porque no es cuestión de entablar una conversación del tipo:
- Buenas tardes, ¿que tal?
- Pues aquí, que vengo a cascármela. Disculpe que no le dé la mano, pero es que estoy sentado sobre ella para que se me quede dormida.
- Pues yo me he traído un vídeo en el móvil para motivarme, 'Universitarias aprendiendo nuevas materias', para no hacer esperar demasiado al personal.
- A mí en cambio me va más el sadomaso, así que mientras me la menee me voy a golpear la cabeza contra la columna... Si veis que no salgo en 15 minutos... esperad un poco más que estaré repitiendo.
En fin, esperas un ratito, mientras notas como algunos, los que parecen que están más acostumbrados a ese tipo de experiencias, ponen cara de enfadados cuando ven que alguno tarda demasiado. Tienen pinta de que, de un momento a otro, van a golpear la puerta diciendo "¡Eh, que no hay que recrearse, a echar algo en el bote y punto!". Por cierto, la discreción del hospital es magnífica, porque, en esa puerta en la que hay una cola de hombres con un vasito, pone 'Extracción de semen', por lo que todos los que pasan por esa zona saben que en unos minutos te la vas a machacar. Y tooooodo el mundo te mira... o al menos eso me parecía a mí.
Obviamente, ni que decir tiene que, en ese momento, ganas de tocarme cero. Tenía ganas de irme a mi casa a esconderme y no salir en años (ahora que lo pienso, ¿por qué estoy contando todo esto si me da tanta vergüenza?) Conforme va saliendo gente sabes que, inevitablemente, va a llegar tu turno, y empiezas a pensar cómo será la sala. Quizás sea una habitación con un sofá, una tenue luz rojiza, cojines, revistas porno y papel higiénico por todos lados.
Pues no, cuando entras (y cierras la puerta empujándola con el pié, con tal de no tocar con la mano el pomo) te encuentras en un cuchitril en el que te percatas que, cuando se diseñó el edificio, aquello estaba pensado como cuarto de las escobas, porque a todo el mundo le daba risa decirle al arquitecto que tenía que construir un sitio para masturbaciones y tocamientos de bajos.
La habitación echa peste, como es normal, y, encima, tiene un ambientador de estos que te llegan hasta la garganta, como los perfumes de las moras que viven en los bloques de Los Verdes en Los Boliches. Aparentemente está limpia, pero no me quiero imaginar a Grisom de CSI con el luminol y la luz violeta apuntando a las paredes. Entre su equipamiento, una mesa (¿¿¿??? ¿por si te da por hacértela en posiciones raras?) y, eso si, muuuuucho papel higiénico. De todos modos, fui precavido y llevaba mis propios clines.
Acabas (no daré más detalles sobre esto, sólo decir que se supone que tienes que apuntar a un bote) y sales de la habitación triste, girando el pomo con 15 clines en la mano para no tocar nada raro. No miras a nadie y andas con el bote por el mismo pasillo... pero ahora lleno, con lo cual te miran aún con más desprecio (¿a quien coño se le ocurrió hacer el bote transparente?).
Voy a darle el botecito a la doctora, pero me dice que no, que hay que llevarlo a la sala de congelación antes de cinco minutos y que está en el edificio de enfrente. Con lo cual, salgo corriendo del Materno y me recorro la calle con mi bote y mis espermatozoides dentro, que deberían estar pensando "Pero bueno, ¿ahora le ha dado a éste por tirarse muñecas hinchables de metacrilato?".
Cuando por fin entregas el vasito, le ponen tu nombre en una pegatina y lo meten en el congelador, junto a los langostinos y las judías verdes, parece que te has librado y otra doctora (¿¿¿pero es que no hay un sólo tío en el hospital para que todo esto sea menos violento???) te dice "Muy bien, pero, de todos modos, para estar más seguros guardaremos otra muestra, vuelve en 15 días".
