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23/11/2006
Estimado Poliuretano:

Como corresponde por estas fechas, paso a describir el envoltorio de mi cumpleaños, el armazón, la fortaleza, los calabozos, la prisión, de mi regalo, gracias a la ingeniería CEDRIF (Comando Especial De Regalos Inabribles de los Fuengirolos), alias Comando Antimanos.
Bien, pongamos que ustedes celebran su cumpleaños en una caseta de Feria (en la cual había un invitado más de los esperados, un superratón que de vez en cuando se daba una vuelta, se tomaba un cubatita y se iba sin pagar). Al ratito de empezar a llegar la gente y ya medio bolinga (debido a la botella de vino que me había bebido antes y a los dos cubatas que ya llevaba) entran tres energúmenos con un horno.
Cuando uno ve el horno lo primero que piensa es "Hijosdeputaaaa....", pero, con tal de guardar las formas sueltas un "Ostia, tíos, estáis loco", mientras sigues pensando "Hijosdeputaaaa.....". Describamos la situación, se trata de un horno sacado de la basura y por el cual, por todos los más minúsculos agujeros que tiene, sale ese gran amigo mío ese gran amigo nuestro ay ay ay, el señor Don Andrés Poliuretano.
El poliuretano bien podría ser un Fuengirolo. Lo pringa todo, se expande y acaba la noche tirado por los suelos y echando peste a alcohol. Se trata de un elemento que, cuando está seco, más o menos se puede romper, pero cuando está húmedo no hay manera de meterle mano. Bueno, meter la mano si que puedes meterla, la cosa es que lo mismo no la sacas.
El caso es que el poliuretano del horno estaba húmedo y en ese momento el bloqueo mental fue instantáneo. Menos mal que uno es precavido y sabe que a un cumpleaños de los Fuengirolos hay que llevar lo típico, vasos, refrescos, ron, hielo,... un cutex, tijeras, guantes, un martillo, un cincel, etcétera... Pero nadie contaba con el elemento sorpresa, el desestabilizador, el revulsivo del envoltorio: LA ESPADA DE LAS MIL VERDADES.
La espada de las mil verdades viene a ser una barra de un metro ochenta aproximadamente, de hierro forjado y unos 15 kilos de peso, que se usa para cavar y para atravesar cualquier superficie y/o cosa. De todo modos empecé a aplicar la conocida técnica de la 'Machota cual grulla que asoma tras la colina en un amanecer de primavera', que me enseñó el viejo maestro coreano Then Konbioa Lcohol. Básicamente se reduce en ostiar las esquinas del horno hasta que salten las paredes y, así, por lo menos ir quitando peso al conjunto escultórico.
Una vez reventados los laterales me sentí capacitado para coger la espada de las mil verdades e intentar atravesar la parte de atrás del horno, mientras la gente decía "¿De verdad crees que vas a romper la chapa de un horno?". Pobres ilusos... La chapa fue partiéndose poco a poco, dejando a la vista una bola de medio metro de diámetro, obviamente pringada de poliuretano, que, a base de palanca con la barra de hierro, conseguí sacar por la puerta, que previamente había sido sellada con Patex. Como se pueden imaginar, aparte de accionistas de Brugal también lo somos de Leroy Merlín.
Una vez sacada la bola me percato de que, debajo de toda la pringue de poliuretano, está recubierta de unas cuantas capas de... fibra de vidrio... maldita la hora. Pues nada, seguimos con la barra hasta que, después de mucho esfuerzo y más de una hora desde que comencé a abrir el envoltorio, se partió y encontré otro de los grandes amigos de nuestro regalo, la cinta de embalar, que sí cedió más fácilmente ante el poder de la espada de las mil verdades.
Pero la cosa no acaba aquí, porque ¿de que estaba rellena la bola? De serrín congelado. Esa técnica, al parecer, la utilizaban en la segunda guerra mundial para transportar aviones sobre el mar, haciendo placas de serrín e hielo que, según dicen, forman un todo indestructible. Menos mal que la proporción serrín-hielo no era demasiado apropiada y pude ir escarbando hasta encontrar MI REGALO.
Y mi regalo consistía en un tubito de film transparente, el cuarto elemento básico de los envoltorios, que, después de abrirlo con un cutex, tenía una nota en la que ponía "Felicidades Havi, tu regalo no está aquí, jodete". Se que no me creerán, pero lo sabía desde un principio, se nota en las caras de los invitados cuando una barra de hierro de 15 kilos atraviesa el "regalo" y la gente no se echa las manos en la cabeza, pero abrirlo ya era cuestión de amor propio.
Bueno, a todo esto siguió más o menos una decena de cubatas más, una resaca del carajo, dos horas de limpieza de la caseta, tirar el horno a un contenedor en la clandestinidad de la noche y tres días buscando por mi casa las llaves de la caseta que se habían perdido. Por supuesto, muchas gracias a todos por su asistencia y regalos. Por cierto, estando a finales de noviembre se me pasa una pregunta por la cabeza, ¿Lara, cuando celebras tu cumple?
